El debate sobre la familia en el Siglo XXI

Las marchas convocadas por más de mil organizaciones de la sociedad civil, y celebradas en más de ciento veinte ciudades de México abren el debate, no por los llamados “matrimonios igualitarios”, sino por la supervivencia de la familia en el siglo XXI. Reconocemos que existen diferentes tipos de familia: las constituidas por un hombre solo o una mujer sola con sus hijos, o los nietos con los abuelos, o los tíos con los sobrinos, etc., lo que nos habla siempre de una relación de consanguinidad; pero también de la pareja heterosexual que ha adoptado niños, por no poder concebirlos naturalmente.

Por otra parte reconocemos, sin ninguna limitación ni exclusión, los derechos humanos de los homosexuales, que son los derechos que asisten a todo ser humano por ser iguales en dignidad; pero al mismo tiempo, afirmamos que no existe el derecho al matrimonio igualitario y, sobre todo, lo que de éste deriva según la iniciativa del Presidente, que es el “derecho” de los homosexuales a adoptar niños.

  Según el artículo 1° de nuestra Constitución, los tratados internacionales en materia de derechos humanos, forman parte de la misma, y dichos tratados no reconocen, ni el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y, mucho menos, el derecho de los adultos de adoptar niños. El derecho es de los niños (se expresa en los tratados como “el interés superior del menor”), incluso frente a las parejas heterosexuales.  Si la vida les quitó, ya sea por muerte o por abandono, lo que la naturaleza les dio, los niños tienen derecho a recuperar lo más parecido a lo perdido, a saber, un papá y una mamá.

Lo que está en juego es la supervivencia de nuestra civilización y nuestra libertad. Con el pretexto del principio de la no discriminación y de la igualdad, el gobierno se quiere inmiscuir en la vida privada de los mexicanos, incluso en nuestra vida íntima. Ya lo hemos visto en la historia: los gobiernos que irrumpen en la vida privada de los ciudadanos, tarde o temprano se convierten en gobiernos totalitarios.

Reiteramos, una vez más, que la convocatoria a las manifestaciones (incluyendo la de este próximo sábado) es del Frente Nacional por la Familia. La jerarquía eclesiástica católica no es la convocante.  El estado laico no se encuentra en peligro, si entendemos la laicidad no como  el rechazo o la exclusión de la vida pública de la religión (eso, en todo caso,  es el laicismo), sino como una opción protectora de todas las religiones, incluso de  quienes no profesan ninguna religión. En efecto, entre los manifestantes del día 10 se encontraban familias representantes de todas las religiones, pero también había agnósticos y ateos.

El gobierno debe ser sensible al sentir de la mayoría de los mexicanos y, en todo caso, participar en el debate que ya ha abierto la sociedad organizada sobre el futuro de la familia para su fortalecimiento, no para su aniquilación.

 

Eugenia Diez Hidalgo

Presidente

Comisión Mexicana de Derechos Humanos, A.C.

56 87 54 50

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