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¿Cuáles son los mitos proabortistas más comunes?

Publicado en Blog Agosto 24 2015 tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente

1. El empleo sistemático de la mentira, como “arma de ataque y de engaño de las masas”.

Cuando el Dr. Benard Nathanson, el llamado “Rey del aborto”, después de practicar -directa e indirectamente- 75,000 abortos, y que posteriormente fuera destinado por sus directivos en el hospital, a que estudiara Perinatología (es decir, la especialidad de la ciencia médica que se ocupa en el análisis minucioso desde que el óvulo es fecundado hasta su nacimiento) se percató -con gran dolor y pesar de su parte- que no es que hubiera liberado a muchas madres “de un problema”, sino que ¡había asesinado a 75,000 bebés inocentes e indefensos! Tuvo un súbito cambio de postura, y de ser un activo proabortista, se convirtió en un gran defensor de la vida humana de los niños no nacidos, y a partir de sus descubrimientos, recorrió muchos países dictando conferencias, pláticas, seminarios; publicó libros y editó videos, como: “El Grito Silencioso”, “La Mano de Dios”, etc.

Y reconocía -con toda franqueza- que para presionar a los legisladores e impresionar a la ciudadanía norteamericana para que se consiguiera su legalización en 1973, confiesa que usaron estas tácticas:

a) “que eran más de un millón de abortos clandestinos por año”, cuando en realidad no llegaban a los cien mil;

b) “que las mujeres que morían en esa clase de abortos eran diez mil”, cuando la cifra real oscilaba entre 200 a 250 abortos;

c) Y que un serial de mentiras repetidas miles de veces, el público las convierte fácilmente en verdad.

d) Reconoció que, en innumerables ocasiones, manipularon cifras, datos, estadísticas y acuñaron lemas persuasivos, teniendo como aliados, a algunos medios de comunicación, y apostaron por una idea clave: “que los ciudadanos, no se tomarían la molestia de examinar a fondo, si lo que decíamos era verdadero o falso”;

e) Y concluye con una frase estremecedora: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”. Es decir, apostaron por la pasividad e indiferencia de la población norteamericana y lamentablemente tuvieron éxito.

2. Otro mito que se repite constantemente: “En las primeras semanas de embarazo, no existen sino un puñado de células uniformes y a 'eso' no se le puede llamar ser humano”. Los estudios más recientes de la Genética demuestran ampliamente que, desde que el óvulo es fecundado o fetilizado, es un ser distinto al de la madre. Tiene un ADN propio, único y original. A los pocos días ya comienza a latir su corazón con su propia sangre y comienzan a formarse los órganos del niño. En la octava semana ya tiene huellas digitales, que son irrepetibles en cada persona, se comienza a desarrollar su sistema nervioso; percibe sonidos e incluso se puede chupar el dedo; si su madre sufre o llora, él bebé se altera también. En cambio, si está alegre y contenta, la criatura se encuentra con paz y durmiendo serenamente. En el ultrasonido se observa a un pequeño “muñequito” con cabeza, tronco y extremidades, por esas etapas pasamos todos los humanos. El exSecretario de Salud, el Dr. Jesús Kumate, hace tiempo, me hacía esta interesante observación: que había descubierto, a través de sus investigaciones científicas, que el bebé seguía una línea ininterrumpida de desarrollo y crecimiento, que no termina al nacer, sino que continúa en la niñez, la adolescencia, la juventud y hasta llegar a la plena madurez.

3. El mito de que “la mujer es dueña de su propio cuerpo”, con lo anteriormente expuesto, cae por su propio peso, porque no es que la madre -por ejemplo- tenga un quiste o una callosidad, que se pueda extirpar cuando se desee, sino que se trata de su propio hijo, distinto e irrepetible, y con el pleno derecho a vivir. “Abortar es matar, aunque el cadáver sea muy pequeño”, repetía incansablemente el eminente científico francés, Dr. Jerome Lejéune, quien hizo importantes descubrimientos sobre el bebé en el seno de su madre, pero por su valiente y firme postura en defensa de la vida, le fue arrebatado el Premio Nobel de Medicina, que sin duda se lo merecía con creces.

4. Otra gran mentira: “Si se legaliza el aborto, automáticamente el número de abortos clandestinos disminuirán radicalmente”. Desde aquel funesto año 1973, en que no llegaban a cien mil el número de abortos clandestinos en Estados Unidos, actualmente -cada año- se practican más de un millón quinientos cincuenta mil abortos. En México, a ocho años de haberse despenalizado el aborto, se han practicado, ¡más de 140,000 abortos en la Ciudad de México! (cfr. “Excélsior”, 15 de agosto de 2015). Es decir, toda una posible entidad mexicana, en la que podrían haber surgido ciudadanos que trabajen por el bien de nuestra Patria.

5. Podría continuar enumerando muchos más mitos, pero quiero mencionar éste último: “El embarazo es un problema de salud”. A todas luces sabemos que no lo es. Todo lo contrario, la vida significa progreso, desarrollo, fuerza de trabajo, creatividad, generación de empleos... Steve Jobs, el genio revolucionario de la cibernética (inventor, junto con Bill Gates, de las laptops, ipads, celulares,iphones...), no hubiera nacido, si un matrimonio amigo no hubiese persuadido a su madre que no lo abortara.

6. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata un lucrativo negocio porque, como sostenía también el Dr. Nathanson: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”.

Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, lo constituyen las palabras del Dr. Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada” (1).

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(1) Cfr. Espinoza Aguilera, Raúl, ¿Es Posible Rehacer mi Vida? Historias Impactantes” e “Ideas Claves sobre la Vida y el Aborto, Editorial Minos III Milenio, México

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