Mensaje de Bienvenida del Lic. Rodrigo Abascal Olascoaga

Mensaje de Bienvenida del Lic. Rodrigo Abascal Olascoaga, Presidente de la Fundación Carlos María Abascal Carranza, a los participantes de la Mesa de Diálogo “Del México que Tenemos al México que Queremos”

Muy buenos días, gracias por acompañarnos esta mañana. En nombre de la Fundación Carlos María Abascal Carranza les doy la más cordial bienvenida a todos y cada uno de ustedes.

Saludo especialmente a nuestros ponentes Don Enrique Quintana, Don Gerardo Aranda y Don José Luis Luege; muchas gracias por aceptar nuestra invitación para venir a compartir su visión y sus anhelos acerca del México que tenemos y del México queremos para los próximos años.

Agradecemos a la Fundación Konrad Adenauer su apoyo invaluable para la celebración de esta mesa de diálogo.

 En este afán de la Fundación de presentarles ideas y conceptos que puedan ayudar a cada uno en la construcción de su propia visión, quisiera proponerles una pauta que debiera correr transversalmente en cualquier escenario que finalmente acaben enfrentando México, los partidos políticos, los candidatos independientes, la ciudadanía. De esos escenarios nos hablarán magistralmente nuestros ponentes.

La pauta que quisiera recordarles a quienes lo conocieron y proponerles a quienes no, es la que nos puso con su ejemplo Don Carlos María Abascal Carranza cuya obra y memoria nos convocan a todos aquí.

Recuerdo, y es uno de los recuerdos más claros de mi infancia, que hace mucho compartía lo que algunos han llamado “la vocación universal del mexicano a la presidencia de la República” y se lo expresaba así a mi padre, él sonrió levemente y luego me miró fijamente, con una de esas miradas que penetran al alma y me dijo algo que aún llevo profundamente grabado: “Rodrigo, nunca busques metas personales como ser Presidente, por que es muy probable que en el camino sacrifiques muchos de tus valores para alcanzar tu meta, busca mejor preparárte lo mejor posible para servir a México y los mexicanos en la circunstancia y momento en que se te pida y así nunca sacrificarás tus valores”.  Quizá ese consejo lo habría olvidado si no lo hubiera visto hacerse realidad en su propia vida desde el momento en que es invitado al equipo de transición por el entonces presidente electo Vicente Fox, hasta el momento en que renunció a mantenerse en un cargo a cambio de sacrificar alguno de sus valores y convicciones. Cuando a él le preguntaban sobre su futuro político siempre respondía: no tengo proyecto político personal alguno, mi único proyecto político es servir al mayor bien de mi país, poner los talentos que Dios me ha dado al servicio de México; y fue así, dedicándose a trabajar, a cumplir cabalmente con las responsabilidades encomendadas, como logró, por citar algunos ejemplos, alcanzar la paz laboral desde la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y luego, siendo Secretario de Gobernación, apostándole al diálogo, a la inclusión, a la apertura, a la negociación y construcción de acuerdos, al respeto a las personas y a las instituciones, como evitó que el conflicto postelectoral de julio del 2006 se desbordara y terminara en ingobernabilidad, o que el conflicto de la APPO en Oaxaca concluyera en un río de sangre.

En el campo de lo político y sin entrar al terreno de sus convicciones personales me gustaría destacar las tres caracerísticas esenciales de Don Carlos que lo hicieron un político diferente: el amor a México, la honestidad y la congruencia.

En efecto, si para el México que queremos construir, nos dedicáramos a lograr, primero nosotros como ciudadanos que elegimos con el voto a nuestros gobernantes, la honestidad personal a raja tabla, cueste lo que cueste y fueramos congruentes con nuestros principios y valores en la elección de nuestros representantes. Si exigiéramos de nuestros candidatos y políticos que fueran honestos y congruentes. Si los partidos políticos se esforzaran en construir plataformas comprometidas con sus valores y eligieran para candidatos a personas honestas y congruentes para que los ciudadanos los sometieran a escrutinio profundo y tuvieran la tranquilidad de que éstos responden plenamente a los valores de sus plataformas políticas y todos pudiéramos saber que son personas honestas a carta cabal, otro México podríamos construir fuera de los colores que fuera.

Carlos Abascal fue ese político honesto y congruente a carta cabal, que supo dialogar, construir y acordar las mejores soluciones para México, dándo siempre la cara, manteniendo su palabra y rindiéndo cuentas oportunamente. Un político que una vez que le fue encomendada su responsabilidad pública se olvidó de su carrera política personal y se dedicó a servir con eficacia y rectitud.

Este tipo de políticos merece y necesita México, políticos que quieran y puedan construir el Bien Común, que dialoguen con altura de miras, hombres y mujeres con visión de Estado y no enanos que llevan bajo el brazo una cantidad enorme de “facturas” para cobrarle al contrincante en la primera oportunidad  y se olvidan de construir acuerdos y soluciones.

Del México que hoy tenemos con una escasa clase política debemos transitar al México de los verdaderos demócratas que amen profundamente a nuestro país, que amen verdaderamente a las personas, que tengan un profundo convencimiento de su participación política bajo determinada bandera o partido y la sigan y defiendan en las buenas y en las malas con lealtad y humildad y no anden saltando de opción política cuando las cosas se les ponen feas y no responden a sus intereses, políticos que aprendan a hacer política de la buena para que realmente sirvan a la construcción de la patria libre, justa, próspera y humana que todos anhelamos.

El principio de un modelo de político o política así es sin duda la persona humana, necesitamos que las y los políticos se asuman en primer lugar como personas y que vean en sus gobernados o representados a personas idénticas en dignidad, en derechos y en obligaciones, a quienes tiene la alta encomienda de servir. Porque de lo contrario, si el político o servidor público no se asume como persona que sirve a otras personas, termina inflándose como globo y revienta y ensucia todo a su alrededor, destruye partidos, destruye a la sociedad civil y daña profundamente a México.

Entonces necesitamos que las y los políticos se asuman como personas y que sirvan para enaltecer la dignidad de las personas que los han elegido. De tal forma que cada decisión política, cada programa y acción de gobierno, cada decisión personal, cada decisión de grupo o partido, no debe estar orientado a perpetuar en el poder a determinado líder o partido, a conquistar el poder a costa de lo que sea, a destruir al adversario con tal de salir triunfante; sino a humanizar cada vez más la realidad política, social, económica y cultural de sus representados, para que las personas y sus familias, puedan realizar sus propósitos de bien, de trabajo y de felicidad.

Ante el descrédito en que han caído los partidos políticos, los políticos y la política en general, necesitamos redignificar a la política, a los políticos y a los partidos políticos, poniendo en el centro, en el eje de sus decisiones y propósitos a la persona humana. La rehumanización de la sociedad tiene como premisa fundamental y necesaria la rehumanización de la política, la recuperación de su alta misión como suprema actividad ordenadora al servicio de la persona humana y del bien común.

Todo esto nos lo enseñó Carlos Abascal.

Comparto con ustedes estos recuerdos y estas ideas por que estoy convencido que cualquier escenario político para el país solo será positivo si incluye a personas que compartan la honestidad y congruencia de don Carlos, y repito su honestidad y congruencia, no su pensamiento ni sus métodos, pero si la honestidad a carta cabal y la congruencia. Con votantes honestos y congruentes que opten por proyectos y candidatos honestos y congruentes podremos, en cualquier escenario de partido o candidato independiente ganador, seguir construyendo la democracia mexicana que posibilite esencialmente la contrucción del bien común, de una patria mas justa, más prospera, más humana.

En síntesis reitero, de cara al futuro, seamos ciudadanos votantes honestos y congruentes, exijamos candidatos y políticos honestos y congruentes. Que el priista lo sea realmente, que el panista lo sea autenticamente y el peredista igualmente, que el independiente sea independiente. No aceptemos alianzas contra natura ni traiciones convenientes. Seamos quienes somos.

Bordando fino en este tema, decía Don Carlos María Abascal Carranza, y citándolo concluyo, que además de un compromiso indeclinable con el respeto a la ley y a las instituciones, todo líder político debe reunir como virtudes esenciales: “el compromiso con la verdad para saber, en efecto, identificar la realidad de las cosas y a partir de ella transformarla para el bien y la justicia; la congruencia, la capacidad de pensar, decir y hacer de la misma manera; la humildad, porque no somos sino meros instrumentos;la capacidad de escuchar consejo, porque no lo sabemos todo, y por lo tanto la capacidad de formar equipo, porque hay que sumar las fortalezas de todos y amortiguar las debilidades de todos para hacer un gran equipo; el amor a la justicia, ese compromiso indeclinable con la voluntad de dar a cada quien lo suyo, y lo suyo más propio de las personas es el respeto a su propia dignidad;  (…) la prudencia, la rectitud en la elección de los fines y de los medios; la fortaleza para ser sereno en la adversidad y templado en el éxito; la templanza, la capacidad de ser dueño, de ser líder de ti mismo, (…) mal podemos aspirar a conducir a otros, si no conducimos nuestra propia vida, si no somos dueños de nuestras propias pasiones; la capacidad de tomar decisiones, el líder decide y arrostra las consecuencias de sus decisiones; la perseverancia, porque todo conspira contra tu perduración en la responsabilidad que has asumido; la esperanza, para mirar el futuro consciente de que tu haz de hacer todo lo que corresponde a tu responsabilidad, porque otro hará lo que a ti te falte, que es casi todo. Y, finalmente, la alegría, el liderazgo no se puede ejercer con rostros tristes y largos, (…) no, el líder es alegre, es comunicativo, es cercano, es próximo, es igual, y esa alegría le da razón de ser a muchas de sus decisiones, a muchas de sus acciones para contagiar a los demás de la alegría de vivir, porque (…) el líder tiene que estar enamorado de la vida y al estar enamorado de la vida tiene que tener pasión por el hombre, tiene que amar al hombre con toda el alma, para de esta manera poder servir al hombre”[1].

 

 

 

 

 

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